¿SIN CONCIENCIA DE EXISTIR?. EL MARASMO, ENFERMEDAD DE LA EMOCIÓN.




Mi huella y la de un niño cerca de las montañas de Vyrunga, Congo.
A veces se me viene a la cabeza la imagen de unos niños institucionalizados muy lejos de aquí. Tenían cubiertas sus necesidades de alimento, un lugar donde dormir, ropa mínimamente digna y algunos adultos supervisándoles. Pero faltaba algo. Expresiones vacías, desarrollo insuficiente, caras tristes que no se deben sólo a las circunstancias del nacimiento desde un punto de vista meramente biológico sino a la falta de afecto en sentido amplio.
Estos pensamientos imborrables me han lanzado a investigar la enfermedad conocida como MARASMO desde su vertiente psicológica (también existe el marasmo relacionado con la desnutrición energética).
Las emociones están de moda, y deberían estarlo mucho más e incluso formar parte del currículum escolar; porque las emociones enferman.
Actualmente existe un síndrome de carencia afectiva considerado como un retraso del crecimiento no orgánico (RCNO) y afecta al crecimiento, al desarrollo y al comportamiento infantil.
Fue René Spitz quien utilizó por primera vez un término relacionado con el marasmo, el hospitalismo, para designar perturbaciones somáticas y psíquicas provocadas en los niños durante los 18 primeros meses de vida por la permanencia prolongada en una institución hospitalaria, donde se encuentran completamente privados de su madre. Utilizaremos el término madre en este artículo como matriz de afecto, y no como condición del género.
Emmi Pikler, pionera en motricidad infantil también lo usaría, el hospitalismo,  como describí en el primer artículo de este blog.
Spitz estudió grupos de niños: criados en orfelinato, en guarderías con presencia parcial de la madre, criados con sus madres exclusivamente, etc.
Es precisamente en el caso de los niños criados en ausencia completa de su madre, en una institución donde los cuidados les son administrados en forma anónima, sin que pueda establecerse un lazo afectivo, cuando se constatan los graves trastornos que Spitz agrupó bajo el nombre de hospitalismo: retardo del desarrollo corporal, de la habilidad manual, de la adaptación al medio ambiente, del lenguaje; disminución de la resistencia a las enfermedades; en los casos más graves, marasmo y muerte.


 
Spitz considera que los primeros 8 meses de vida son decisivos, de tal forma que si el niño no goza durante esta etapa de una figura materna permanente (madre real o sustituta) se produce un desequilibrio psíquico y emocional. En el caso de que el niño retorne con su madre entre los 3 y 5 meses de separación, los trastornos sufridos mejoran rápidamente. A partir de los 5 meses, el proceso se torna irreversible.
Freud define a estos niños en sus estudios como “niños sin familia”.
Por ejemplo, en niños que son entregados a un orfanato, que son puestos a los cuidados de niñeras (previo destete), que atienden a 10 niños a la vez dándole solo los cuidados básicos (higiene y alimento), se observó que sobrevino primero una depresión anaclítica (síndrome de hospitalismo) y después del tercer mes se acentuó el retraso motor, la pasividad total, el rostro sin expresión, sin coordinación ocular, el nivel mental al 45% de la capacidad normal.
Niño institucionalizado 
Spitz hace un estudio comparativo entre los niños de un orfanato, y los nacidos en una cárcel de mujeres, la característica fundamental fue que los niños cuyas madres eran reclusas tenían dificultades parciales afectivas, sin llegar al marasmo que podían ser revertido por la situación de contacto con la madre, no así con los niños del orfelinato que sufrían una atención despersonalizada y con los requerimientos básicos.
Los niños que visité tenían resueltas sus necesidades orgánicas básicas como el alimento o la ropa, pero carecían de las necesidades afectivas. Por lo menos en el rato en el que yo estuve con ellos las personas que estaban a su cargo hablaban entre ellas, no se dirigían a los niños, no les tocaron nunca ni hablaron con ellos. Parecía que estuvieran simplemente presentes y sin embargo tan ausentes… Eran empleadas que tan sólo cumplían una función: higienizar y alimentar. La afectividad estuvo ausente en el rato que yo compartí en la institución.
 Estuve alrededor de una hora y no querría juzgar prematuramente pero estoy segura de que esos niños necesitaban ser tocados, más demostraciones de cariño, ¡muchas más!


Niño sorprendido por el pelo de las piernas del hombre blanco






El tacto. Uno de los significados de “caricia” es:
“Estímulo social dirigido de un ser vivo a otro, que reconoce la existencia de este”. Releyendo esta frase pienso en la existencia de esos niños, ¿tenían conciencia de existir? No lo creo.

Reclamando atención

Detrás de su aparente sencillez, subyace la esencia de las relaciones humanas, y se facilita la comprensión de muchas situaciones interpersonales, así como el modo de resolverlas.

Berne, el creador del Análisis Transaccional dijo: “si no te acarician, se secara tu espina dorsal”.

William Shakespeare dijo: “las alabanzas que nos hacen son nuestro salario”.

La alabanza sensata es para los niños, lo que el sol es para las flores.

La mayor parte de nuestra energía se dirige a restablecer, lo mejor que podamos, aunque sea parcial y simbólicamente, el ideal estado intrauterino, donde el feto se halla en contacto intimo y total con su madre en toda la superficie corporal, lo cual implica estar cubiertas todas sus necesidades de caricias.

Es fundamental para cualquier ser humano ser abrazado,
acariciado, abrigado, alimentado, alentado, elogiado, etc …
El Marasmo se produce únicamente por falta de caricias como: afecto, reconocimiento, estímulos positivos, energía calórica. 
Desde un punto de vista más antropológico, el sentido del tacto es tan importante para el ser humano, que desde tiempos inmemoriales en distintas culturas dar amorosas caricias a los niños ha sido considerado un factor determinante en su desarrollo.
Despedida
Inclusive en muchas de ellas solamente en raras ocasiones se permitía dejar a los pequeños alejados de los brazos de un adulto hasta que el niño empezaba a gatear, imagino que para preservar ese contacto lo máximo posible.





Creo que mi visita a la institución no fue apropiada. Y desde aquí pido que no se visite a estos niños unas horas para luego salir de ahí y no volver más. Eso es lo que he aprendido. Probablemente, si sé que voy a visitar a niños en un estado similar y marcharme a las pocas horas, decida no estar nunca con ellos; sus caras no se olvidan, pasa el tiempo y están más presentes. Me cogían desesperados de los brazos unos, otros reclamaban la atención implorándome. Mi visita no hizo más que recordarles su no existencia, devolverles al marasmo. Aunque pareciera una “buena acción”…una buena acción que muere sin un comentario, asesinará a otras mil que dependen de eso. Las fotos son hechas por mí este pasado verano en Congo.
He redactado este artículo desde mi experiencia personal y con ayuda de la información que aparece en:
Powell GF, Brasel JA, Riti S, Blizzard RM. “Emotional deprivation and growth retardation stimulating idiopathic hipopituitarism”.
Ajuriaguerra J. “Manual de psiquiatría infantil”
http://www.seep.es/privado/download.asp?url=/publicaciones/1999HPC/Cap07.pdf (retraso de los crecimientos no orgánicos: RCNO)








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